Los orígenes
La historia de los incas se mezcla fuertemente con sus relatos legendarios, debido a que esta civilización no desarrolló un sistema de escritura que diera cuenta de sus orígenes. Sin embargo, se sabe que desciende de antiguas culturas andinas que se establecieron en los Andes Centrales, entre ellas el pueblo de Chavín de Huantar, una pequeña villa cordillerana en el norte del Perú, cuyo mayor aporte fue ayudar por primera vez a la unificación de dichas culturas.
Con posterioridad, alrededor del 300 a. C., declina la cultura chavín y surgen otros reinos, como el Moche, Nazca, Tiahuanaco y Huari, todos ellos con su respectivo tiempo de apogeo.
Los últimos reinos en aparecer fueron el Chimú en el norte y el Inca en el sur. La influencia de este último fue la que derivó finalmente en la constitución del magnífico imperio andino.
La historia de los incas
Los siguientes gobernantes, como Cápac Yupanqui, Inca Roca, Yahuar Huacac y, sobre todo, Viracocha, se ocuparon de resguardar los territorios ocupados con el establecimiento de funcionarios incas y guarniciones militares.
Lo que se conoce como imperio histórico comenzó con Pachacutec Inca Yupanqui, que ocupó el trono hacia 1438, siendo un gran conquistador y organizador del reino. A su mandato se atribuyen obras como los planos de Cuzco, la construcción de cultivos en base a terrazas y la construcción del templo del Sol. Además, mientras gobernaba se inició la expansión incaica que alcanzó por el sur el lago Titicaca y por el norte la región de Huanuco. Igualmente, comenzó la unificación de las tribus vecinas y sometió con sus ejércitos a las que no accedían a integrarse. Se dice también que fue Pachacutec quien propuso la práctica de las mitimas, mediante la cual grupos de pobladores, llamados mitimaes (del quechua mítmaq, colono, advenedizo), eran trasladados a otros lugares para evitar rebeliones.
Entre los años 1471 y 1493, con el hijo de Pachacutec, Tupac Inca Yupanqui, el imperio alcanzó su máximo esplendor. En esa época se conquistó todo el altiplano andino y los territorios septentrionales de Chile y Argentina.
El sucesor de Inca Yupanqui fue Huayna Cápac, cuyo período se caracterizó por varios levantamientos que, no obstante la dificultad, pudieron ser controlados. En su gobierno se alcanzó la mayor extensión geográfica, con un número cercano a los 900 mil kilómetros cuadrados. Cuando falleció, el imperio quedó dividido en dos partes a cargo de sus hijos: a Atahualpale otorgó la región de Quito y a Huáscar, la del Cuzco. Sin embargo, ambos hermanos se enfrentaron en una guerra civil en el momento de la llegada de los españoles.
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